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Fontana di Trevi

Guía Turística de Roma
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La enorme fuente domina por completo la pequeña plaza en la que se encuentra y es realmente curioso que desde las callecitas adyacentes ni tan siquiera se oiga el agradable sonido de sus cascadas. Al aparecer en la plaza, por tanto, la sorpresa es doble, ya que la monumental fuente se muestra ante nuestros ojos casi de repente.

 

La Fontana di Trevi se convirtió en todo un icono desde que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni se bañaron aquí a las órdenes de Federico Fellini en La Dolce Vita, rodada en la ciudad en 1959. La escena dio la vuelta al mundo y desde entonces, millones de turistas han querido imitar a la pareja. Si se admite un consejo, mejor desistir de hacerlo, ya que el suelo de la fuente está conectado directamente al departamento policial de la ciudad y si se detecta que hay un pie en el agua, suena inmediatamente una alarma para que las autoridades se personen en el lugar e impongan la multa correspondiente, claro está.

 

Lo que sí es una tradición a la que será difícil resistirse es lanzar dos monedas a la fuente de espaldas a ella: la primera garantiza el regreso a la ciudad y la segunda asegura que se encontrará el amor en Roma. Si alguien se pregunta por el destino final de los miles de monedas recaudados, la respuesta es bastante tranquilizadora, ya que el Ayuntamiento se encarga de recogerlas periódicamente y donar el importe a instituciones benéficas de la ciudad.

 

La Fontana di Trevi fue diseñada por Nicola Salvi en el año 1732 y representa al carro de Neptuno, dios del mar, conducido por dos caballos marinos y dos tritones. Por muchas imágenes que se hayan visto de esta fuente, ninguna será comparable a encontrarse junto a ella en persona. Eso sí, si se busca un momento de tranquilidad o unos minutos románticos habrá que “lidiar” con la presencia constante de turistas y de incansables vendedores ambulantes, actores callejeros vestidos de antiguos romanos dispuestos a posar junto a nosotros en las fotos previo pago o fotógrafos espontáneos que se ofrecen para captarnos en una Polaroid al precio de 5 €. Eso sí, nadie nos garantiza “a priori” cuál va a ser el resultado de la foto, así que si acepta la oferta habrá que conformarse con la instantánea y pagar, claro.