El Coliseo (Colosseo para los romanos) es, sin duda, el edificio más
imponente de Roma. El antiguamente llamado Anfiteatro Flavio fue
ordenado construir por el emperador Vespasiano en el
año 72 dC
y se inauguraba tan sólo ocho años después. Sus dimensiones son la
mejor prueba de su espectacularidad (sobre todo, teniendo en cuenta la
época en la que se levantó: 527 metros de elipse, 57 metros de altura y
190 metros de largo.
El Coliseo tenía que ser
el mayor teatro del mundo
y, sin duda, lo consiguió. Aunque en aquella época el concepto de
teatro no fuera el mismo que el tenemos actualmente... Los romanos eran
especialmente aficionados a los
espectáculos sangrientos y el
Coliseo se convirtió en el mejor escenario para practicarlos. Aquí
tuvieron lugar combates entre gladiadores y exhibiciones de animales
traídos de África como espectáculo de circo. Jirafas, elefantes,
hipopótamos, hienas o leones se sacrificaban a diario en las arenas del
Coliseo. Eso sí, después de haber cumplido otra función. Los individuos
que pertenecían a los estratos sociales más despreciados entonces, como
esclavos, cristianos, prisioneros de guerra, criminales y delincuentes
comunes eran lanzados a la arena para luchar contra las fieras.
Mientras el público jaleaba en las gradas, en la arena se vivía una
auténtica carnicería.
Por su parte, los
gladiadores eran
luchadores profesionales y los que dieron fama universal al célebre
grito de "Ave César, los que van a morir te saludan”. El cine se ha
encargado de trasladar hasta nuestros días la realidad de aquellas
batallas, muchas veces, como en la película “Espartaco”, con tantas
dosis de realidad como de ficción. De los dos gladiadores que luchaban
cada vez, uno moría sin remedio ya que, si no lo hacía en la arena, era
después condenado a muerte. Otros largometrajes se han encargado de
transmitir el martirio que sufrieron los cristianos en el Coliseo y
aunque es cierto que muchos murieron allí, hasta hoy ningún estudio ha
probado que se realizaran matanzas en serie únicamente por motivos
religiosos.
Además de un lugar para el ocio, el Coliseo también era un
reflejo de las clases sociales imperantes en Roma.
El podio estaba destinado al emperador y su séquito, formado por los
senadores, los magistrados y las vírgenes vestales. Justo en las gradas
que seguían a continuación se sentaban las clases medias y en las
últimas, las de peor visibilidad, las clases plebeyas. Precisamente
estas gradas son las más valoradas hoy en día, ya que desde aquí se
contempla todo el escenario y los numerosos pasadizos subterráneos que
había en el interior donde esperaban hombres y animales antes de salir
a la arena.
Los espantosos espectáculos del Coliseo acabaron en
el año 523 dC (en el año 438 ya se habían prohibido los combates entre
gladiadores). Por la escasez de materiales para la construcción en
aquella época,
las piedras del Coliseo sirvieron de cantera
para otros edificios como el Palazzo Venezia o el Palazzo della
Cancelleria. También tuvo épocas de menos esplendor, en las que sirvió
de almacén para diferentes materiales de la ciudad. Incluso llegaron a
extraerse de sus paredes los hierros que unían los bloques de roca, por
lo que pueden aún pueden verse en la fachada unos profundos agujeros. A
pesar de ello, de sus terribles funciones como teatro y de su aspecto
semiderruido aunque se hayan hecho remodelaciones, el Coliseo es la
visita más imprescindible en toda Roma. Será muy difícil no tener que
sufrir esperas en cualquier época del año antes de entrar, pero valdrá
la pena. Son casi 2.000 años de historia a nuestros pies.
Fotos: APT di Roma
Coliseo
Piazza del Colosseo
Cómo llegar:
Metro: Colosseo
Precios:
8 € entrada completa incluyendo la visita al Palatino
Horarios de Apertura:
Desde las 09:00h hasta una hora antes de la puesta de sol aproximadamente.
+39 06 39 96 77 00
Puntos de referencia más cercanos:
Foro Romano, Fori Imperiali, Arco de Constantino