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Rodeando la plaza de San Pedro, en la parte trasera de la basílica, se encuentra la entrada a los Musei Vaticani. Los museos son un espectacular conjunto de obras de arte de incalculable valor que la Iglesia ha ido acumulando y conservando (a veces por adquisiciones, otras por encargos y otras por regalos) a lo largo de los siglos. No tan sólo hay que detenerse en las piezas que se exhiben sino en el espacio en sí, un magnífico conjunto de pasillo, salas y estancias cuyo recorrido puede durar un día entero si queremos verlo absolutamente todo. 

Si no es así será mejor decidir qué ruta se quiere seguir (todos los itinerarios están marcados con diferentes colores que indican qué obras de arte podrán verse en el paseo). El principal objetivo de la mayoría de los visitantes es la impresionante Capilla Sixtina, por lo general, siempre repleta de gente. Se trata de la gran obra maestra de Miguel Ángel, que pintó su techo con diferentes escenas del Génesis y el Juicio Final en una de sus paredes.  

En los Museos Vaticanos pueden visitarse otras muchas salas de gran interés, así como los pasillos que las comunican, decorados con excelentes colecciones de mapas de Italia, tapices, candelabros, mobiliario eclesiástico y noble y esculturas griegas y romanas de gran valor. La Galería de los Candelabros no sólo merece la visita por las piezas que conserva, sino porque desde sus ventanas pueden verse los Jardines del Vaticano, estupendamente conservados. Mientras vivió Juan Pablo II, polaco de nacimiento, en los jardines se habilitó un huerto de coles, para que al Sumo Pontífice nunca le faltara este ingrediente imprescindible en su alimentación. Desconocemos si ahora se mantiene el huerto o los orígenes alemanes de Benedicto XVI han cambiado “la agricultura” de los jardines. 

Destacan en la visita las Salas de Rafael, decoradas por el artista o por sus discípulos y, normalmente, en honor al Papa en cuestión que las encargaba. Rafael empezó a decorar los aposentos del Papa a la vez que Miguel Ángel trabajaba en la Capilla Sixtina. Por ejemplo, la Sala de Heliodoro, decorada por Rafael entre 1512 y 1514, se hizo en honor del Papa Julio II que, incluso, aparece representado en la pintura La expulsión de Heliodoro, como símbolo de la victoria de Julio II ante una de las invasiones que sufrió Italia. A veces, la inclusión de los Papas en las pinturas era mucho más exagerada, como en el fresco La liberación de San Pedro, en el que el mismo Julio II es representado como un santo en la pintura. La Sala della Segnatura, donde se reunía el consejo papal para firmar los documentos oficiales, muestra en sus pinturas símbolos filosóficos y la Stanza dell'Incendio rinde homenaje al incendio del año 847 que, según cuenta la leyenda, fue apagado “milagrosamente” por el papa León IV haciendo tan sólo la señal de la cruz cristiana.


El recorrido por los Museos también lleva a los famosos aposentos de los Borgia, una de las familias con mayor poder en Italia durante la época del Renacimiento (César Borgia, por ejemplo, era hijo del Papa Alejandro VI aunque por circunstancias lógicas de la época siempre fue tratado como su sobrino). Aquí pueden verse numerosos frescos antiguos y una de las colecciones más diferentes del museo, la de arte moderno con excelentes piezas firmadas por nombres como Paul Klee, Francis Bacon o Max Ernst, entre otros. 

Siguiendo el único recorrido posible desde aquí se llega a la Biblioteca del Vaticano, con salida a un agradable patio que comunica con el Museo Chiaramonti y el Museo Pio-Clementino, con más piezas de gran valor. En uno de los patios se encuentra la famosa figura del Laocoonte, una pieza que data del siglo I dC aunque se descubrió a principios del siglo XVI. Se trata del célebre sacerdote troyano representado luchando contra dos serpientes y acompañado de sus dos hijos.

Antes de llegar a la salida todavía hay varias colecciones de indudable interés. Una es la Colección Egipcia, únicamente con piezas de esta civilización, otra es la Colección Etrusca y otra la que se conserva en el Museo Profano Gregoriano, todo dentro del mismo recinto. Y para finalizar, la famosa Pinacoteca, que perfectamente podría ser un museo independiente en sí mismo (como todas las salas de los Museos Vaticanos) y que guarda pinturas de Giotto, Lippi, Leonardo da Vinci, Rafael y Caravaggio, entre muchos otros.

A la hora de abandonar los Museos, lo mejor es hacerlo por la famosa Escalera Simonetti, espectacular y en forma de caracol, que también se ha convertido en un símbolo del lugar.

Musei Vaticani
Viale Vaticano, 100

Precios:
Entrada general: 12 €
Entrada reducida: 8 €

Horarios de Apertura:
De marzo a octubre: de lunes a viernes de 08:45h a 15:20h. Sábados de 08:45h a 12:20h
De noviembre a febrero: de lunes a sábados de 08:45h a 12:20h
Último domingo del mes siempre de 08:45h a 12:20h

http://www.vatican.va

06 69884947-4676 (para visitas guiadas)

Puntos de referencia más cercanos:
Piazza San Pietro, Basílica San Pietro, Castel Sant'Angelo